Zenón de Elea, Instagram y el negocio del millón de dólares

Sergio W. Tenis

La reductio ad absurdum puede desmoronar argumentos bien cimentados y hacerte ganar batallas verbales a traición. Por lo tanto, se usa frecuentemente en discusiones de bajo nivel, como la de los bares o las del Congreso.

Zenón de Elea fue conocido por aplicar ese método con los mismos fines —humillar a sus rivales— cobrando fama por sus paradojas sobre el movimiento. Una de las más célebres es la de Aquiles persiguiendo a una tortuga. En cada instante, el sudoroso héroe recorta la distancia que los separa a la mitad. Siguiendo esa línea de pensamiento, continuará reduciendo la brecha eternamente, sin jamás llegar a atraparla: siempre le quedará otra mitad, por muy pequeña que sea, por recorrer.

Desorientados por la paradoja, nadie —hasta ahora— se había formulado las preguntas más relevantes: ¿por qué Aquiles perdería su valioso tiempo en tan absurda persecución? La expresión: “se te escapa la tortuga”, acuñada por otro superhéroe, ¿tiene algo que ver con todo este asunto? ¿Qué fue primero, el huevo o la tortuga?

Aquiles jamás alcanzará a la maratónica tortuga

 

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Happycracia

Agustín de Hipona

Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero básicamente sería una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Seria esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre”.

Esto es lo que decía Aldous Huxley en 1932 en su obra Un mundo feliz. Todavía no había llegado el neoliberalismo preconizado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, pero, lúcidamente, el autor británico en su novela concretaba el núcleo del pensamiento que en la Grecia clásica defendía Epicuro como máxima aspiración de los seres humanos.

 

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Perfiles coronavíricos

Fortunata Wolf

En estos tiempos de “nueva normalidad” ya estamos preparados para juzgar al vecino, amigo o hermano que mostró su verdadero rostro en tiempos del coronavirus. Aquel vecino que no aplaudía en su balcón a las 20 debía de ser un sociópata, aunque luego me enteré de que trabajaba como auxiliar de enfermería por las noches. Aquel otro que de repente comenzó a dar caceroladas debía de ser un facha, pero un día en el ascensor comprobé que tenía un hijo de 2 años. Y así sucesivamente, mis prejuicios se fueron desmoronando.

corona
Perfil coronavírico

 

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Galois, el desamor y la eternidad

Sergio W. Tenis

Évariste Galois nació en 1811 pero se lo recuerda más por cómo —y cuándo— murió. Fue tan revolucionario que incluso las grandes mentes del momento tuvieron dificultades para descifrar sus teoremas, como le ocurre a P. Casado con las matemáticas de primaria. La mala fortuna, sus hormonas y el desamor lo empujaron un final prematuro que él mismo resumió en un grito desesperado: ¡no tengo tiempo!

Galois
Évariste Galois, dibujado por mi sobrinita.

 

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I want you for the new normality

Agustín de Hipona

Aquella noche, Iván Redondela le estuvo dando vueltas a la cabeza sin parar. Tenía un enorme reto por delante, un auténtico desafío al que nunca se había enfrentado, aunque, a decir verdad, ninguno de los publicistas o asesores que pululaban alrededor de la clase política podía haberlo imaginado.

I want you for the new normality
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El retorno de Satanás

Agustín de Hipona

En medio del descreimiento generalizado de nuestra sociedad materialista (ojo, de consumista) y hedonista ha surgido una voz valiente, sin pelos en la lengua, que ha dicho verdades como puños con el fin de aclarar que estamos vigilados por unos poderes ocultos o, peor aún, que vamos a ser controlados por las “fuerzas oscuras del Mal”.

Satanás herido y desolado por la maldad de Cayetana

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Los santos terroristas, la señora marquesa y el señorito

Cayetano Tinti                                                                                                                                          

En otro ranking más, esta vez de las 30 mejores películas españolas, la ganadora fue ‘Los santos inocentes’ de Mario Camus. Echo en falta a muchas películas, pero bueno, así son los rankings y no deja de ser un pequeño juego. Lo que sí es cierto es que es una gran muestra de lo que es España, con esa representación de la figura del señorito y la señora marquesa.  Como sucedía en la película ‘La rosa púrpura de El Cairo’ de Woody Allen, parece que los personajes han atravesado la pantalla: el señorito y la señora marquesa ahora actúan en el Congreso.

La señora marquesa y el señorito dando indicaciones al servicio

 

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Las pajas de Diógenes, Juan Carlos y la dignidad

Sergio W. Tenis

En pleno día, bajo un sol abrasador, Diógenes de Sínope encendía su candil y emprendía una infructuosa búsqueda de gente honesta, digna. Vagaba dejando a su paso una estela fétida —al contrario que Casado, no era muy amigo de los baños—, atravesaba calles polvorientas, escandalizaba a los atenienses masturbándose en el ágora. Era un insufrible, un vago y tenía una apariencia similar a la nuestro amado Cayetano Tinti. No obstante —desde que me embargaron la bicicleta por el malentendido con la tarjeta de crédito no puedo decir “sin embargo”—, las excéntricas costumbres del filósofo cuestionaron lo establecido y su crítica burlona cambió la sociedad. Tras la tenue luz de su lámpara va cobrando forma una pregunta. ¿Podrán los escándalos actuales hacernos despertar de nuestro sumiso letargo?

Diógenes el Perro, harto de pedir lumbre y ser ninguneado, inventa el mechero portátil

 

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La importancia de llamarse Cayetana

Agustín de Hipona

Uno de los dilemas actuales que se les plantea quienes van a ser padres es el nombre que le pondrán a la criatura que ya se encuentra en camino. Cuestión que tiempo atrás apenas presentaba dificultad, pues se le ponía el del padre o del abuelo, si iba a ser un niño, o el de la madre o la abuela, si iba a ser una niña. Pero esta tradición prácticamente ha desaparecido, dando paso a aquellos nombres de personajes que aparecen en las series televisivas, o que suenan bien, o que no los tiene nadie o casi nadie. Y mira que esto último es difícil, aunque no imposible, como explicaré a continuación con un ejemplo.

portada

 

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Heráclito, Casado y la mierda

Sergio W. Tenis

P. Casado nos quiso transmitir con su fotografía frente al espejo un mensaje complejo. Diversos “periodistas”, bloggers (éstos sí que saben de la vida) y demás lumpen, incapaces de destejer los intrincados hilos entrelazados en ese tapiz de emociones, pueden haber dicho mucho, pero no lo suficiente. Creyéndose ingeniosos, se dedicaron a apuñalar el retrato con furia, demostrando un cinismo que sonrojaría a nuestro amado Diógenes. Estas opiniones superfluas —cuyos autores frecuentemente arrojan tras el cobarde escudo del seudónimo— no advierten el rico trabajo simbólico que, como se demostrará en un análisis más sosegado, alude casi sin lugar a dudas a la vida y obra de Heráclito de Éfeso.

HerCas
Arriba, Heráclito pinchando en una rave. Abajo, en el baño de esa discoteca, su discípulo P. Casado lamenta su estreñimiento.
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