Los cínicos

Diógenes

Me llamo Diógenes, aquí estoy sentado en la escalera, consultando Twitter en mi móvil. Todo el mundo me cita, me gusta. Veo que me ha salido un competidor, se llama Paulo Coelho, tan profundo como un charco. Tampoco quienes escriben en mi nombre lo mejoran mucho, son toda una calamidad. Os los presento.

Tenis

Sergio W. Tenis

Sergio W. Tenis vio por primera vez la luz en Cochabamba, Bolivia, durante un bochornoso verano. Ocurrió a medianoche —mucha luz no vio— y las altas horas del parto acarrearon algunos problemas burocráticos. El sudoroso notario no sabía si certificar que había nacido el día diecisiete o el día dieciocho. Decidió no decidir —¡ay, las paradojas!— y apuntó una fusión entre un ocho flaco y un siete difuso, emborronándolo con el pulgar sobre la hoja de papel oficio. Su vida comenzaba desdibujada, manchada por el absurdo.

Se tomó su tiempo para aprender a hablar. Cuando por fin pudo formular sus primeras palabras —moviendo con delicadeza el pinchudo bigotillo de adolescente— sus padres se quedaron atónitos al notarle un marcado acento argentino. Por desgracia, esa y otras taras no remitirían con los años y hasta el día de hoy se lo puede oír hablando de boludas y boludos mientras ejerce el cuestionable oficio de avistador de aves implumes.

A pesar de haber sido incapaz, entre otras cosas, de alcanzar el éxito académico, higiénico o social, su persistencia lo empujó a perpetrar voluminosas obras literarias, escritas desde el inodoro —para no perder ni un valioso segundo— que jamás superaron el estreñido cerco de las editoriales. Hoy en día la era digital le ha permitido postear, twitear y twerkear esquivando la censura de los pollaviejas de biblioteca. Tras una reciente etapa de crecimiento espiritual —apuntalada por un cursillo online de mindfulness— quisieron los hados que encontrara socios para crear este blog y llenarlo de febriles escritos.

 

Tinti

Cayetano Tinti

La naturaleza había previsto que desde la copula de su madre con su tío paterno hasta el día de su nacimiento transcurrieran 40 semanas y que Cayetano naciera el 14 de Abril de 1978. Su padre, tan ajeno a las leyes de la naturaleza como a la relación de su hermano con su mujer, se opuso a que el parto coincidiera con la efeméride de la II República Española.

Aquella fue la primera de tantas órdenes: no nacer hasta coincidir con una efeméride digna de un Tinti. Mientras su padre se debatía entre el 20 de Noviembre o el 12 de Octubre, Cayetano fue aumentando de peso y desarrollando un apego enfermizo al vientre materno.

Por orden de su padre nació el 20 de noviembre. Durante esos meses pudo pasar su fase anal y el comienzo del complejo de Edipo en el vientre materno lo que ha sido fascinante para toda la comunidad psicoanalítica. El sobrepeso con el que nació no ha hecho sino aumentar, igual que todas sus obsesiones entre las que se encuentra coleccionar mariposas, hacer ganchillo y, como no, ser escritor.

Sus escritos, de una vulgaridad tan extrema como los tapetes de ganchillo que confecciona, no han podido ni ser autoeditados. Solo en un blog como este ha podido encontrar un altavoz a sus insensateces y dislates. 

 

Fortunata Wolf

Fortunata Wolf nació con un defecto de forma que la obligó a crear, mucho antes de aprender a hablar, horrendos versos de cumpleaños para esquivar el bulling de sus compañeros de guardería. Ya más crecidita, y viendo que su talento no terminaba de despegar, debió sucumbir a la fornicación con artistas de medio pelo en los arrabales de Marsella, el puerto de Moscú o las impertérritas cumbres de Bangkok, pero sólo consiguió arrancar por bulerías unas líneas del ínclito Sabina, que para colmo, no eran inéditas.

Precisamente por su intrusismo en el mundo académico, fue crucificada, muerta y sepultada.

Finalmente, en su madurez, por llamar de alguna manera a su crecimiento biológico, y en medio de una pandemia de dimensiones universales, ha conseguido resucitar a las musas, que la han arrastrado a probar suerte en un blog de pajilleros que se creen escritores.

Agustín de Hipona

Bienvenidos al Jardín. Tomad asiento y dispongámonos a disfrutar de este momento como un fragmento de la tenue eternidad. Aquí, hombres y mujeres, libres y esclavos, charlaremos amigablemente, pues, como bien sabemos, la amistad es una de las fuentes de la felicidad, y, esta, uno de los objetivos con el que debemos construir la levedad de nuestras vidas.

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