Filosofía y nazismo

Cayetano Tinti

En el estudio de la filosofía, uno se topa, antes o después, con uno de los personajes más controvertidos de la historia del pensamiento occidental: Martin Heidegger. Fue militante del partido nazi, por lo que la primera pregunta que surge es cómo alguien dedicado a la filosofía puede caer en este tipo de pensamiento. Luego nos podemos plantear otra más inquietante: ¿hay nazismo en su obra? Teniendo en cuenta su relevancia, podemos hacernos otra más estremecedora: ¿está afectado el pensamiento y cultura occidental de nazismo? La cuestión no es baladí si tenemos en cuenta el continuo rebrote de movimientos de extrema derecha.

Martin Heidegger fue profesor de filosofía y rector de la universidad de Friburgo cuando llegó Hitler al poder. Es conocido su discurso de 1933 cuando tomó el cargo de rector. Todo un delirio nacionalista que hará las delicias de más de uno. Basta cambiar alemán por cualquier otro gentilicio y Alemania por la nación correspondiente.

Sin embargo, Heidegger no era una nacionalista al uso, o al menos no su obra, que ha tenido una gran influencia en el siglo XX en autores antifascistas: Sartre, Foucault, Derrida, Ortega y Gasset, Levinas… ¿Cómo es posible que un filósofo nazi influya en uno que apuesta por todo lo contrario?

En su obra más relevante, ‘Ser y tiempo’, Heidegger abarca el estudio de estos dos conceptos. El ‘ser’ porque da cuenta de que existimos. El ‘tiempo’ por ser el que nos despoja, antes o después, de esa existencia. El ser humano se distingue de esa toma conciencia de su existencia y del fin de ella, no tiene ‘pobreza de vida’ como los animales. Heidegger señala al ser humano con una categoría especial del ‘ser’, por tener conciencia de estar en el mundo y que es temporal. Empero, nunca se espera el desenlace, ‘la muerte llega a destiempo’.

La muerte nos impide cualquier otra cosa. Cuando llegamos al mundo se nos presenta toda una red de posibilidades sobre la que estamos eyectados. En gran medida ese es el origen de la crisis de la mediana edad: caer en la cuenta de que ha pasado la mitad de la vida y fantasear con todas las cosas que se pudieron hacer, pero que ya no podrán ser. Mientras vivimos, esa red se mantiene y seguimos tejiéndola como una araña. Hasta que, de todas esas cosas que pueden suceder, aparece la muerte: ‘la muerte es la posibilidad de la imposibilidad de todas las posibilidades’.

Si rechazamos la idea de que pueda haber otra vida tras la muerte cabe preguntarse qué es realmente la existencia humana. No tanto su sentido, sino saber qué es existir, estar en el mundo, esto es, ¿qué es ‘ser’? Aquí ya vemos la primera gran dificultad. Se puede decir que ‘un gato es un animal’ o que ‘el rojo es un color’. Pero hablar del ‘ser’ supone una circularidad insalvable, no admite predicado: ‘ser es…’.

Decimos ser constantemente, aunque no hay forma de definirlo. El ‘ser se nos muestra ocultándose’, como si de una aparición espectral se tratara. Si bien no podemos definir al ‘ser’, no podemos negarlo. Como declaraba el filósofo Parménides: ‘el ser es y el no ser no puede ser’. Las cosas existen, pero un universo de no existencia carece de sentido ya que hay que decir que ‘es no-es’.

Esto último puede parecer una perogrullada, pero responde a dos cuestiones fundamentales del ser humano. Por una parte, el terror que nos produce dejar de existir. Por otra parte, responde a la pregunta del asombro que produce la existencia, no tanto la nuestra como seres individuales, sino la realidad. ¿Podría no existir nada? No es posible, el ‘ser’ es necesario.

Heidegger afirma que toda la filosofía occidental ha estado alejada de esta cuestión fundamental, la pregunta por el ‘ser’, que se inició en la antigua Grecia. Con el dominio del cristianismo, esta cuestión filosófica se había relegado, acaso perseguida, ya que el ‘ser’ era creado por Dios a partir del ‘no-ser’, de la nada, lo cual es del todo contradictorio como exponía Parménides.

Si Platón se centró en las ideas, Kant en la razón y Marx en la lucha de clases, podríamos decir que el ser es la temática central de Heidegger. ¿Dónde está entonces el nazismo?

Ortega y Gasset criticaba de Heidegger que la empresa de comprender el ser tal como lo captaron en la antigua Grecia no dejaba de ser un capricho académico. No importa tanto estudiar el ‘ser’, la existencia de todas las cosas, sino el ‘ser’ de las personas y su relación con los demás. Sartre centra su filosofía en esa existencia que tenemos y su relación con lo que no somos, es decir, con el resto de las personas. El ‘no-ser’, en realidad, no es esa nada metafísica a la que se refería Parménides, sino esas personas que no somos, los ‘otros’.

Cuando Sartre afirma que ‘el infierno son los otros’ se refiere precisamente a que concentramos nuestros miedos y temores en todos aquellos que son diferentes a nosotros. Cuanto más distintos, más terror nos producen. Un ‘mena’ es un menor no acompañado, pero nos da pánico. Un niño inmigrante, que no habla nuestra lengua, que vive en la calle, que sufre el ostracismo social, es muy ‘otro’. Encerrarlos puede ser una buena solución.

Otra solución pasa por uniformizar. Decimos del gitano o el musulmán que no se integran. ¿Qué significa realmente eso? Según Foucault, las instituciones de disciplinamiento, como la escuela, el Estado, el psiquiátrico, etc, son quienes los adaptan y uniformizan.

Finalmente, cabe otra solución: eliminarlos. El judaísmo es una religión étnica en el sentido que solo quien es hijo de una judía puede pertenecer a ese credo. Admiten la conversión de las mujeres, pero no de los hombres. El judío es ‘otro‘ por definición. Levinas fue un filósofo de origen judío, discípulo de Heidegger, y que sufrió el holocausto nazi. En su crítica filosófica a Heidegger fundamenta el ‘ser’ precisamente en el ‘otro’.

Una forma de entender lo que somos, nuestro ‘ser’, es por contraste con lo que no somos. Un color existe porque hay otros. Las formas de las cosas se perciben porque hay otras. Nuestras formas resaltan más cuanto mayor es el contraste. La destrucción del ‘otro’, el gitano, el judío, el ‘mena’, etc, supone destruirnos a nosotros mismos.

Esto es una breve pincelada de la obra de Heidegger y no pretende ser una demostración de que su obra es ‘proto-nazi’, si acaso es posible hacerlo. Tampoco se trata de hurgar en su obra buscando indicios de nazismo. Más bien ser conscientes que su pensamiento forma parte de la filosofía occidental y que, tras tantos siglos de ilustración, aconteció el fascismo y aún hoy, desafortunadamente, perdura. Quizá un estudio sincero y sin prejuicios pueda darnos las claves de la fatídica relación entre filosofía y nazismo.

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