Walter Benjamin y la memoria histórica

Cayetano Tinti

El pasado mes de septiembre se cumplieron 80 años del fallecimiento de Walter Benjamin. En Portbou (Girona) se erige su memorial junto al cementerio local: al final de una oscura escalera hay una luz que nos guía hacia el mar, pero un cristal se interpone entre nosotros y ese final luminoso. De alguna manera, es una metáfora de su vida y pensamiento. Frente a la barbarie que sufrió solo le cabía imaginar un mundo utópico e inalcanzable que pudiera servir de guía para salir de esa oscuridad. La utopía no se alcanza, pero sirve para avanzar.

Walter Benjamin

Walter Benjamin (Berlín, 1892, Portbou, 1940) fue un intelectual, en el amplio sentido del término. De origen judío y comunista, desarrolló un pensamiento muy heterodoxo donde combinaba la teoría marxista y judaísmo. Reclamaba el legado cultural europeo del judaísmo y la necesidad de tenerlo en cuenta para construir el socialismo.

Tras el ascenso del nazismo se trasladó a Francia a vivir. Más tarde, la invasión alemana forzó su huida. Su plan era llegar a Lisboa y volar a EEUU, pero en Portbou fue retenido. No están muy claros los motivos, aunque todo apunta a que era un puro trámite administrativo de visados. Sin embargo, el horror del nazismo lo superó y se suicidó.

Era filósofo, teórico del arte, analista político, ensayista, escritor, o de un modo más sintético y amplio, un intelectual. Bejamin expresaba de un modo singular el compromiso del intelectual de izquierdas.

“[Los intelectuales son] como un trapero que, al alba, malhumorado, gruñendo, empecinado y algo borracho, se afana en pinchar con su bastón cachos de frases y trapos de discursos que echa en la carretilla, no sin agitar a veces en el ambiente de la mañana con gesto desaliñado algún trozo de paño desteñido llámese humanismo, interioridad o profundidad.” (Walter Benjamin, Gesammelte Schriften)

Los intelectuales aprovechan los restos de la cultura, sus discursos, sus creaciones y ahí encuentran algo que parece de provecho como la hondura o la subjetividad. En esos trapos desechados encuentra la verdad. “El trapero”, dice Benjamin, “es la figura más provocadora de la miseria humana. Es lumpenproletariado en un doble sentido: va vestido de andrajos y vive de ellos”. Contra la miseria lucharán los pobres y solo el excluido, como es el intelectual, podrá imaginar un mundo sin exclusiones.

Esa exclusión se pone de relieve, sobre todo, en la historia. La tesis de que la escriben los vencedores proviene precisamente de Benjamin. La historia es la escritura de los vencedores.

Quienes dominan una vez se convierten en herederos de todos los que han vencido hasta ahora. La empatía con el vencedor siempre les viene bien a quienes mandan en cada momento.”  (Walter Benjamin, Tesis sobre filosofía de la historia)

Como esta es la historia oficial, los oprimidos (trabajadores, mujeres, esclavos, indígenas, etc) tienen que confrontar una alternativa, una contra-historia que da cuenta de su situación.

“La tradición de los oprimidos nos enseña que «el estado de excepción» en el que vivimos es la regla. Debemos llegar a un concepto de historia que se corresponda con esta situación […] No tiene nada de filosófico asombrarse de que las cosas que estamos viviendo sean “todavía” posibles en pleno siglo XX. Es un asombro que no nace de un conocimiento, conocimiento que de serlo tendría que ser éste: la idea de historia que provoca ese asombro no se sostiene.” (Walter Benjamin, Tesis sobre filosofía de la historia).

Benjamin se dirige sobre todo a quienes se asombraban por el ascenso de Hitler tras una historia llena de progresos y de avances. ¿Avances y progresos para quién? Para quienes viven en un permanente “estado de excepción”, a saber, de suspensión de todo derecho, no. Introduce entonces un concepto, el de memoria, para leer el pasado como ese texto no escrito, al menos oficialmente. Desde este punto de vista no tiene nada de sorprendente el auge del fascismo que vive el mundo una y otra vez.

El futuro nace de la memoria de los abuelos ofendidos y no del ideal de los nietos satisfechos” (Reyes Mate, Medianoche en la historia, sobre las “Tesis sobre filosofía de la historia”)

La memoria, y no la historia, es la que puede permitir que la injusticia pasada vaya de generación en generación. Será redentora en tanto y en cuanto sea universal, que el reparo sea para todos los que sufrieron la injusticia. Se establece pues una diferencia entre historia y memoria.

El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza solo le es dado al historiador perfectamente convencido de que ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence. Y ese enemigo no ha cesado de vencer.” (Walter Benjamin, Tesis sobre filosofía de la historia)

En estas citas ya se vislumbra una escritura muy literaria y alegórica. Pertenece a ese grupo de pensadores que oscilan entre la literatura y la filosofía. En ese sentido, creo que muchas de sus tesis y reflexiones no hay que interpretarlas literalmente. Sin embargo, su legado sobre una memoria que dé cuenta de los olvidados de la historia, que busque su reparación y redención, me parece clave en un país como España.   Mientras los cadáveres en cunetas se cuenten por miles, no habrá reparación posible. La redención no es solo una cuestión de mirar al pasado, sino que de ello depende nuestra felicidad.

Una de las peculiaridades más notables del temple humano», dice Lotze, «es, además del mucho egoísmo particular, la generalizada falta de envidia del presente respecto al futuro” (Walter Benjamin, Tesis sobre filosofía de la historia)

Esa falta de envidia del presente al futuro significa que nuestra felicidad reside en un presente-pasado armonioso y no en un futuro desconocido. El futuro no está escrito, sino que nos preparamos a él. El futuro se decide en el presente El presente, por el contrario, tiene dos caras opuestas: lo que es y lo que pudo ser, pero no fue. Lo que se frustró (las ucronías) no es objeto de la historia, pero sí de nuestra actualidad. El proyecto de la II República se frustró. La felicidad también está en ese presente ausente, arrebatado por el fascismo, pero sobre el cual podría decidirse nuestro futuro.

(A mi abuelo Alfredo, In Memoriam)

Un comentario en “Walter Benjamin y la memoria histórica

  1. Es cierto que leer a Walter Benjamin es penetrar en textos en los que se funden distintas disciplinas, por lo que algunos que buscan una visión más concreta o respuestas más claras a cuestiones personales o sociales se encuentran un tanto desconcertados.
    Si hay alguien que en la actualidad, y desde una perspectiva marxista, enfoca multidisciplinarmente la realidad es el esloveno Slavoj Žižek, aunque en este caso se manifiesta con una mordacidad que le faltaba a Benjamin.

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