Mentes conspiranoicas

Agustín de Hipona

‘Conspiranoico’ es una palabra que escuchamos u oímos en la actualidad y la asociamos a personas que están obsesionadas con los complots que explicarían aquello que desconocemos porque deliberadamente se ocultan a las gentes para finalmente dominarlas o controlarlas. Es pues, una contracción de dos vocablos: ‘conspiración’ y ‘paranoico’ que ha tenido un cierto éxito popular, aunque todavía este término no lo recoge el diccionario de la RAE.

¿Cuándo o dónde podemos considerar que comienza la obsesión colectiva por las conspiraciones? Creo que un buen punto de partida, para no alejarnos excesivamente del tiempo en el que nos encontramos, sería la caza de brujas que llevó a cabo el senador republicano estadounidense Joseph McCarthy entre 1947 y 1957.

Diez años, pues, de persecución contra personas inicialmente ligadas al Gobierno de los Estados Unidos y a sospechosos de ser miembros o simpatizantes del Partido Comunista de este país a los que se consideraban infiltrados en la Administración o en el Ejército. Pero esta caza de brujas, posteriormente, se extiende a todos aquellos que en la mente de McCarthy supuestamente defendían actividades antiamericanas, es decir, a los izquierdistas o simplemente con ideas progresistas que no las ocultaban.

Son los años en los que comenzó la denominada Guerra Fría entre este país y la Unión Soviética. De este modo, apoyado en el Comité de Actividades Antiamericanas, acusó a cientos de personas, algunas de las cuales sufrieron verdaderas tragedias personales por las represiones sufridas y la marginación social que se les hacía, tanto en el trabajo que se les negaba o del se les despedía así como en el entorno familiar o de las amistades.

Auténtica psicosis que, de algún modo, se extiende hasta nuestros días, pues, leyendo a la historiadora estadounidense de raza negra y de izquierdas Donna Murch, comprobamos, sorprendidos, que para estudiar un posgrado en la Universidad de California en Berkeley tuvo que firmar ‘el juramento de lealtad’ en el que manifestaba que nunca había militado en el Partido Comunista. ¡Y esto fue en el año 2000 en una universidad pública!

Sin alejarnos del país que tratamos, damos un gran salto adelante para situarnos en el presente, pues su actual presidente, Donald Trump, aparte de mentiroso compulsivo, es otro de los grandes conspiranoicos del panorama mundial.

No voy a hacer ningún repaso de su alucinante trayectoria, dado que es imposible en unas breves líneas. No obstante, sabemos que China es la nación (aparte de otras como México) a la que le atribuye todas las maldades. No es de extrañar que no tuviera ningún problema en decir que el covid-19 era un virus fabricado en los laboratorios de este país. Y como sus paranoias no terminan, ahora le ha tocado a TikTok, la aplicación china que permite la creación de breves vídeos musicales que entusiasma a los adolescentes y jóvenes estadounidenses, por lo que ha previsto prohibirla en Estados Unidos.

Pero los conspiranoicos no son solo quienes ejercen altos cargos, sino que también el fanatismo paranoico afecta a gente corriente obsesionada por hechos a los que no encuentran alguna razón que les satisfaga, por lo que les buscan explicaciones insólitas. 

Estos individuos o grupos pueden ser más o menos peligrosos, dependiendo del tema que se trate. Uno que actualmente podríamos situar entre los muy dañinos es el movimiento antivacuna que se opone a los avances de la medicina, especialmente en uno de los logros más significativos que se ha alcanzado en el campo de la sanidad preventiva.

Ya sabemos la carrera contra reloj que se está llevando por laboratorios, públicos o privados, de diferentes países para atajar la pandemia del coronavirus que está causando verdaderos estragos en todo el mundo. El rechazo a la medicina se suele unir a sus fanatismos religiosos con el argumento (potencialmente cierto) de que las distintas marcas farmacéuticas harán verdaderos negocios con las patentes de sus vacunas.

Un ejemplo muy claro, de todos conocido, es el de José Luis Mendoza, presidente de la Fundación San Antonio, propietaria de la Universidad Católica de Murcia. Mezclando el Anticristo, que según él reaparece cada nueva generación, con Satanás, que resulta ser el promotor de la pandemia, suelta unas disparatadas declaraciones contra Bill Gates y George Soros porque financian investigaciones en el campo de las vacunas.

Esto nos puede parecer la chifladura de un personaje que pertenece al grupo integrista de los kikos; sin embargo, conviene tomarse muy en serio el daño que hace el movimiento antivacunas porque logra que en distintos países haya gente que se oponga a las medidas recomendadas por la OMS, y que científicos con Anthony Fauci (ahora la bestia negra de Trump) respaldan.

He hablado de la caza de brujas, de Trump, de José Luis Mendoza y del movimiento antivacunas; sin embargo, las tesis y los grupos de los conspiranoicos son muy amplios.

Así, desde aquellos que creen que lo que sucedió el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York contra las torres gemelas del World Trade Center fue producto de la CIA, que organizó el atentado como excusa para lanzar una guerra contra Oriente Medio; a los que están convencidos de que la llegada a la Luna se rodó en un estudio de cine; pasando por los que defienden que el Holocausto nazi nunca sucedió; a los que piensan que el mundo está controlado por una sociedad secreta extraterrestre denominada los Iluminati, lo cierto es que las ideas más disparatadas y peregrinas en la actualidad funcionan por la red con total libertad, consiguiendo difundirlas y logrando adeptos a las mismas.

De todos modos, si hay algo que explica la persistencia de las teorías de la conspiración se debe a que a lo largo de la historia se dan hechos que siempre se han ocultado a la población, por lo que la idea mantenida de que algunas verdades se esconden es tan vieja como la propia civilización. Por otro lado, conviene reconocer que pruebas importantes se disfrazan deliberadamente tras mentiras o medias verdades para proteger los intereses de sectores dominantes o privilegiados. Esto, como vemos, está de total actualidad.

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