Los bufones de la corte científica

Cayetano Tinti

¿Que tienen en común terraplanistas, antivacunas, la fundación FAES y el pequeño Nicolás con sus colegas de cacerolada en el Barrio de Salamanca? Aparentemente nada, más allá de que son una panda de ‘freaks’. Sin embargo, son el desecho de esa parte de la sociedad que siente desdén por la ciencia y todo lo que implica: priorizar la duda ante la certeza y los hechos empíricos frente a las fantasías. Lo importante para esta gente no son los hechos sino convencer.

El jefe de los enanos toreros

La duda es un curioso motor de conocimiento. En la antigüedad los escépticos proponían suspender el juicio, esto es, no afirmar ni negar nada y no dar cualquier cosa por sentado. Se trataba más bien de un estado mental que animaba a seguir indagando, investigar y usar ese espíritu como un motor de búsqueda. Y así, mejor encogerse de hombros y suspender el juicio que decir la primera chorrada que se nos venga a la mente o porque tenemos algún interés oculto.

Esta filosofía era, en realidad, bastante residual. Mucho más popular era la de Platón o la de Aristóteles, repletas de verdades. Alguien dijo que no hay mayor mentira que la verdad refiriéndose precisamente a esta forma de contemplar el mundo, con verdades como puños o, más bien, con puños como verdades. La verdad, al fin y al cabo, es de quien la puede imponer.

La duda volvió a resurgir muchos siglos más tarde y con ella la ciencia. Se ponía en duda que los planetas girasen alrededor del nuestro o que las enfermedades eran castigo de Dios y, poco a poco, con la duda de método y los hechos empíricos como forma de contrastar nuestras afirmaciones, el conocimiento fue avanzando. En todo momento siempre hubo alguien que veía más verdad en lo escrito en la Biblia que en lo que se observaba por un pinche tubo de metal con vidrios llamado microscopio: aquello era un castigo del Señor y no un bichito llamado, verbigracia, covid19 (actualmente parece que el castigo ya no es de un Dios enojado sino de unas feminazis que quieren acabar con el mundo).

Que lo último que se atisba en el horizonte es el mástil del barco y que la sombra de un poste a la misma hora en diferente lugar tiene distinta longitud son dos hechos empíricos que demuestran que nuestro planeta, le pese a quien le pese, no es plano. Para una enfermedad contagiosa que no tenemos vacuna y el desastre es mayúsculo, imaginemos como sería si no tuviéramos ninguna. Pero estos hechos empíricos no pueden superar la pereza mental de algunos instalados en la certidumbre ni sus minimundos de fantasías y conspiraciones, donde no hay que comerse mucho la cabeza. Serían entrañables y uno estaría tentado de reírle las gracias si no fuera porque al no vacunarse se pone en riesgo la salud propia y ajena.

Antivacunas y terraplanistas no han tenido demasiado éxito en España porque el cupo de los de su ralea lo tenemos lleno, ‘Spain is different’. El pequeño Nicolás se cree James Bond, vive en esa fantasía, hasta el punto de convencer al resto. Da igual que el hecho empírico sea que es un chaval con cara de pajillero; no caben dudas, solo certezas, es el James Bond del Barrio de Salamanca que se va de farra con la realeza. Su narcisismo se proyecta en este delirio, pero al menos se queda ahí. Su gurú político es más peligroso.

El narcisismo de Aznar se manifestaba como alter ego del Cid con mostacho incluido. Daba igual que los hechos empíricos negaran la existencia de armamento masivo en Irak, había que ir de nuevo de cruzadas a Oriente Medio; no había duda aunque cientos de miles de personas perecieran y la región se haya sumido en un desastre humanitario colosal. La duda no tiene más fin que la humanidad misma, la certeza intereses obscuros, en este caso tan negros como el petróleo. En el retiro del guerrero, nuestro Cid se concentra ahora a la fabricación de fabulaciones que bien compiten con el terraplanismo o los antivacunas: las feministas son las culpables del covid19,  lo del calentamiento global es un camelo, vivimos bajo un régimen comunista totalitario apoyado por ETA, etc. Todo, bajo el amparo de la mayor certeza y fantasía imaginables.

Mucho me temo que otros grupos de lumbreras seguirán proliferando. Pero algo positivo tiene. Si la corte de los Austrias gustaba de tener enanos, inmortalizados por Velázquez, era porque ensalzaban sus figuras. La pequeñez y el enanismo intelectual de todos estos bufones ensalzan las obras científicas y filosóficas. Creo que es una buena forma de contemplar a la humanidad: Ramón y Cajal, Descartes, Einstein, Marie Curie, Kant… como grandes nobles y, a su alrededor, pequeños ‘freaks’ danzando como en el film de Tod Browning: los enanos de la FAES, los divertidos terraplanistas, los saltarines antivacunas, los bufones de la Fundación Gustavo Bueno…

2 comentarios sobre “Los bufones de la corte científica

  1. Dice Emil Cioran: “Me he acercado a algunos aspirantes a la sabiduría que querían fundar ‘escuelas’ para regenerar espiritualmente a la humanidad. Todos eran desequilibrados de manera muy evidente. Ninguno de ellos había comprendido que había que empezar la obra de regeneración por y para sí mismo. En el fondo, lo que querían -de modo inconsciente, es cierto- era comunicar al prójimo su desequilibrio, descargar sobre la humanidad el exceso de contradicciones y de deseos caóticos que los abrumaban” (Cuadernos 1957-1972, página 143).

    Y ahora hago una pregunta: “¿Quieren Tenis y Tinti crear una nueva escuela escéptica para regenerar materialmente también a la humanidad?”

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    1. Muchas gracias por el comentario. La obra de Emil Ciorán, ‘Sobre el inconveniente de haber nacido’, da idea del espíritu de su pensamiento. En la biografía de Tenis y Tinti, disponible en ‘Acerca de’ se puede comprobar que, efectivamente, fue todo un inconveniente para ellos y sobre todo para la humanidad que nacieran. Estos individuos, con carencias de todo tipo, sobre todo higiénicas, son la demostración de que el ser humano se encuentra evolutivamente entre las ladillas y las pulgas, que además pueblan los cuerpos de Tenis y Tinti. Me llamaban Diógenes el perro pero a ellos habría que llamarlos Tenis la ladilla y Tinti la pulga.

      Así pues, respondiendo a su pregunta, querido lector, más que regenerar, podríamos decir que Tenis y Tinti vienen a denigrar materialmente a la humanidad y tirar por tierra cualquier intento de antropocentrismo.

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